Libros de Samuel

Taller de Biblia | 04-07-2010 | 1365 visitas
Libros de Samuel

Los libros de Samuel se refieren a uno de los momentos más importantes de la historia del Antiguo Testamento. Es el momento en que Israel se constituye como verdadero pueblo. Por primera vez en la historia las tribus israelitas se reúnen en torno a la ciudad de David (Sión) como única capital y ciudad santa conformando una unidad política y religiosa, es decir, un pueblo. Con el nacimiento de Israel como pueblo coincide, a su vez, el nacimiento de la monarquía, del profetismo y del sacerdocio sadoquita.

Estos libros fueron atribuídos a Samuel por la tradición judía y cristiana a partir de una interpretación incorrecta de 1 Cr 29, 29, es por tanto una atribución que carece de base. Con todo, el título es apropiado, debido a que Samuel es el primero de los tres grandes protagonistas - Samuel, Saúl y David - de estos libros.

Claves Teológicas

Profetismo y Monarquía: Con la instauración de la monarquía, entre Dios y el pueblo se interpuso la persona del rey. La monarquía venía acompañada además de un ejército profesional y de una política de alianzas como medio de salvación. El pueblo sentía la tentación de buscar la salvación por medio de los recursos y efectivos humanos.

Para contrarrestar estas tendencias secularizantes y absolutistas nació el profetismo, que representaba el elemento carismático dentro de la monarquía. Los Profetas Samuel, Natán y Gad recuerdan a los reyes que toda la vida del pueblo elegido y todas sus instituciones se hallan regidas y presididas por la palabra y la mano de Dios.

David, rey ideal: Como persona, como rey y como padre de la dinastía davídica, David a seguido siempre una trayectoria ascendente a lo largo de la historia bíblica, hasta convertirse en el prototipo del Mesías.

David aparece en los libros de Samuel con todo lo atractivo de un héroe de leyenda pero su grandeza es sobre todo de orden religioso. Ha conocido el pecado, pero también ha experimentado lo que es el perdón. Su piedad y virtudes religiosas se ponen de manifiesto en el traslado del arca, en su deseo de construir el templo y en el respeto hacia los profetas, sacerdotes y demás instituciones sagradas.

Saúl, el rey reprobado: Sin que acabe de saberse por qué, el autor o autores de los libros de Samuel han exaltado a David y han humillado a Saul. Exaltación-humillación son como la cara y cruz de estos dos reyes. Tiene lugar aquí una contraposición similar a la que establecen los evangelios entre Jesús y Juan el Bautista, en cuya boca ponen las palabras: "Es necesario que él crezca y yo disminuya".

Monarquía: Los reyes eran los que garantizaban la estabilidad moral, social y material del pueblo. En la monarquía egipcia los faraones eran considerados como dioses. En Babilonia y Asiria se concedían a los reyes atributos divinos. Los hititas los divinizaban después de muertos. También en Grecia y Roma divinizaron a sus emperadores.

En Israel no era posible la divinización de los reyes, puesto que chocaba frontalmente con la religión monoteista. Con todo, los reyes, a partir precisamente de Salomón, el hijo de David, son proclamados hijos adoptivos de Dios (2 Sm 7, 14). Mediante la unción los reyes se convertían en personas sagradas y nacían a una nueva vida, la vida de los hijos de Dios.

Jerusalén: Tanto en la historia como en la teología del A.T., Jerusalén se halla estrechamente relacionada a David. La elección de Jerusalén (Sión) como capital del reino y sede del arca, y la elección de David y su descendencia como dinastía eterna, son dos verdades fundamentales del credo israelita, que forman el binomio "David-Sión", paralelo al binomio "Moisés-Sinaí".

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