Libros de los Reyes

Taller de Biblia | 23-07-2010 | 3281 visitas
Libros de los Reyes

Los libros de los Reyes se refieren al asentamiento y esplendor de la monarquía unida bajo Salomón, a la pronta división de los reinos del Norte (Israel) y del Sur (Judá) y a sus historias separadas hasta los trágicos finales de Samaría (722 a.C.) y Jerusalén (587 a.C.). Es también la "época de oro" del profetismo, con especial referencia a Elías, Eliseo e Isaías.

Es también la época de la consolidación de ciertas instituciones, com el templo y el sacerdocio, que se convertirían en pilares fundamentales de la comunidad postexílica. Todo ello convierte a los dos libros de los Reyes en una fuente histórico-teológica de primer orden para la vida del Israel bíblico y para el conjunto del Antiguo Testamento.

Contexto histórico

Los dos libros de los Reyes formaban uno solo en la Biblia hebrea. La división en dos, igual que el caso de Samuel, es artificial y se remonta al medievo tardío.

La tradición judía atribuyó los libros de los Reyes al profeta Jeremías, sin embargo carecemos de razones sólidas que avalen esta atribución. La investigación actual sostiene que estos libros completan una gran obra histórica, formada por los libros Deuteronomio, Josué, Jueces, Samuel y Reyes, a la que se ha dado el nombre de Historia Deuteronomista.

La obra habría sido escrita en torno al exilio por un autor o autores de la escuela deuteronomista y tendría como finalidad primordial el dar una explicación teológica del desastre que supuso la caída de Jerusalén en el año 587 a.C. y de las funestas consecuencias de este acontecimiento para el pueblo de la alianza.

Características literarias

La gran variedad de formas literarias que encontramos en los dos libros de los Reyes hace difícil que podamos hablar de un solo género literario. Así se ha hablado de libros históricos, de historiografía religiosa, de historia profética... Quizás sea esta última la definición que mejor refleje las peculiaridades de estos libros: aunque no es historia estrictamente profética, el elemento profético adquiere un papel predominante; tampoco es un libro de historia (en el moderno sentido de esta disciplina) pero utiliza procedimientos y materiales de tipo histórico.

Utilizando este peculiar género los autores revisan la historia y recurren a ella con una finalidad, no histórica, sino teológica: exponer unos echos que se han verificado en la historia, para reflexionar sobre sus causas y consecuencias y proclamar la justicia de Dios y la infidelidad del pueblo y sus dirigentes.

Claves teológicas

La catástrofe del 587a.C. (caída de Jerusalén, destrucción del templo, fin de la monarquía, deportación y pérdida de la propia tierra) es el auténtico ángulo focal de toda la historia deuteronomista y por lo tanto de los dos libros de los Reyes. Sus autores tratan de ofrecer una explicación coherente a los graves problemas teológicos que los hechos plantearon.

Su análisis y veredicto es tajante: Dios es inocente de la gran desgracia, pues siempre ha cumplido su palabra. Sólo el pueblo, con sus dirigentes a la cabeza, es culpable y sufre el justo castigo por sus infidelidades a la alianza, por su abandono de Dios y su desobediencia a la ley y a los profetas.

Los criterios teológicos desde los cuales los autores juzgan la historia son los aportados por el "libro de la ley" (nuestro actual Deuteronomio). Las ideas más influyentes son: la centralidad de la alianza sinaítica, la unicidad de Dios, que radicalmente excluye cualquier tipo de culto a otras divinidades; la importancia del templo, resaltada con la ley del "único santuario", que se convierte en el criterio decisivo para el juicio deuteronomista sobre los reyes de Israel y de Judá. Finalmente la respuesta del pueblo, concebida como fidelidad y obediencia a Dios, a su ley y a sus siervos, los profetas.

Llamada a la conversión y a la esperanza: La Historia Deuteronomista es una constante llamada a la conversión: si el pueblo se vuelve a Dios, Dios se volverá hacia su pueblo y lo hará volver a la tierra. El indulto concedido al rey Jeconías en el último episodio del libro es un leve pero inequívoco signo de esperanza: la "antorcha de David" no se ha apagado del todo y puede alumbrar un nuevo futuro.

Es verdad que las amenazas de los profetas se cumplieron puntualmente. Pero tal cumplimiento era, al mismo tiempo, la mejor garantía de que también se cumplirían sus promesas de un nuevo pueblo (renacido del "resto"), de una alianza y de un nuevo ungido o Mesías.

Dios es fiel, y ninguna de sus buenas palabras dejará de cumplirse. Mientras tanto, Israel irá descubriendo cada vez con mayor claridad que los planes de Dios son a menudo desconcertantes.

Mónica Cortés Aparicio - 28-07-2010 : Toda mi vida , cantaré las Misericordias del Señor , por todo LO MUCHO , que aprendimos de su mano , en éste Taller de Biblia . CON ETERNA GRATITUD .-
Susana - 24-07-2010 : Excelente. Gracias por compartirlo con todos.

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