Nuestro Padre San Agustín

Agustinos Recoletos | 27-08-2010 | 1914 visitas
Nuestro Padre San Agustín

Nació en Tagaste (actualmente Argelia) el 13-11-354. Hijo de padre pagano y madre cristiana, compartió la vida familiar con un hermano y una hermana. Mónica, su madre, lo acompañó de cerca, como una sombra saludable. Prosiguió sus estudios en Madaura, y la universidad en Cartago.

En Cartago y luego en Roma ejerció la cátedra de Retórica, y buscando la promoción como profesor se trasladó a Milán, donde residía la corte.

Con verdadero ahínco, aunque muchas veces equivocadamente, buscaba “la Verdad”. La Biblia, los consejos de su madre, los sermones de San Ambrosio, la vida comunitaria… fueron quienes le llevaron al puerto de la conversión el año 386; y en la noche pascual del 24 al 25 de abril del 387, recibió el Bautismo. Muere su madre y regresa, con sus amigos a África. Quería dedicarse a Dios como “servus Dei” junto a un grupo de amigos (seglar bautizado y determinado a vivir en compañía de obispos, sacerdotes, laicos la vida completa de un cristiano siempre en comunidad y bajo ningún aspecto en solitario).

Llega a Hipona en el año 391, un domingo, nos cuenta su biógrafo San Posidio, y mientras asistía a los ministerios divinos en la Iglesia Mayor de Hipona, el anciano Valerio, obispo de la ciudad, exhortaba a su pueblo para la provisión y ordenación de un sacerdote idóneo para la ciudad; el pueblo arrebató a Agustín, conocido ya por su elocuencia y doctrina y lo presentó a Valerio para que lo ordenase. Agustín, mientras tanto, derramaba abundantes lágrimas, porque pensaba en la gran responsabilidad con la que había de cargar; mientras tanto, la mayoría de los espectadores pensaba que el motivo de su llanto era el no haber sido elegido obispo. De todos modos, ni las lágrimas de Agustín, ni sus temores más profundos impidieron que fuese ordenado presbítero, luego fundó un monasterio junto a la Iglesia, y comenzó a vivir con los “siervos de Dios” según el modo y regla establecida por los apóstoles.

Se dedicó de lleno al ministerio de las almas, sin olvidar su ideal de monje. Predicar al pueblo, combatir herejías, reunir concilios, escribir libros llenaron sus tiempos. Después de 5 años como presbítero Agustín fue elevado a la dignidad episcopal, como auxiliar del anciano Valerio. Tenía 42 años de edad, y era considerado un milagro de la Iglesia de Dios.

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